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Insistir no basta, hay que estar PRESENTE: El cuerpo también piensa

Dos veces por semana cruzo la ciudad para entrenar en un lugar donde todavía existe algo que valoro muchísimo: un maestro de verdad. Y quizá lo valoro todavía más porque durante años estuve expuesta a un entrenador pésimo, de verdad paupérrimo y de una mediocridad pedagógica casi desconcertante. Conocer la mala enseñanza afina muchísimo la capacidad de reconocer la buena. Mi profesor, Fran está en sus treinta y enseña con esa mezcla rara de vocación, disciplina y amor al oficio que no se puede fingir. No parece interesado únicamente en corregir un jab o una guardia; quiere transmitir conocimiento. Y cuando le veo esa garra, esa intensidad y esa pasión en los ojos, pienso muchas veces: ojalá no la pierda nunca con las desventuras de la vida. Porque conservar intacto el entusiasmo por aquello que uno ama también es una forma de rebeldía ante la vida. Durante un tiempo iba los jueves por la tarde, hasta que empecé a observarme: llegaba después de toda una semana acumulada, con el cuerpo cansado y, sobre todo, con la cognición bajo mínimos. Mi tiempo de reacción era peor, la coordinación disminuía y me costaba mucho más incorporar las combinaciones. Podía estar allí físicamente, pero mi cerebro ya no estaba aprendiendo igual. Así que cambié algo aparentemente insignificante: ahora voy los lunes y los sábados. Y ese pequeño cambio me recordó una idea esencial del biohacking: no basta con entrenar; importa el estado biológico desde el que entrenas.

El boxeo me recuerda además que el cuerpo también piensa. Frente a un golpe no hay tiempo para construir una teoría: el pie se mueve, la cadera rota, la cabeza sale de la línea y la mano regresa a la guardia antes de que la conciencia haya terminado de formular qué está ocurriendo. Mediante la repetición, una corrección que al principio exige atención deliberada termina convirtiéndose en inteligencia motriz. El cerebro anticipa, predice y automatiza. Y quizá por eso entrenar es algo bastante más profundo que fortalecer músculos: es enseñar al organismo a responder de otra manera. Lo fascinante es que hacemos exactamente lo mismo fuera del gimnasio. Repetimos vínculos, miedos, impulsos y formas de reaccionar hasta que algunos patrones se vuelven tan automáticos como una mala guardia.

Insistir, por sí solo, no transforma. Podemos repetir un gesto cien veces y seguir haciéndolo desde el cansancio, la desconexión o el automatismo. Aprender exige algo más difícil: estar disponibles para aprender. Con el sistema nervioso despierto, la atención dentro del cuerpo y la mente verdaderamente allí. Quizá esa sea una de las lecciones más interesantes que me está enseñando el boxeo: la presencia también se entrena. Y cuando cuerpo, atención y conciencia coinciden en el mismo instante, dejamos simplemente de repetir y empezamos, de verdad, a incorporar.

No se trata de llenar agenda o cumplir por disciplina, es estar disponible física y mentalmente.

 

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