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Atrofiándonos cada día más: la economía de la delegación cognitiva.

Durante miles de años construimos herramientas para ahorrar esfuerzo: la escritura externalizó parte de nuestra memoria, la calculadora el cálculo, el GPS la orientación y Google la búsqueda. Pero con herramientas como Claude, ChatGPT y los nuevos agentes de inteligencia artificial estamos atravesando una frontera diferente: comenzamos a externalizar partes del propio proceso de pensar. Ya no solo buscamos información; dejamos que una máquina lea, sintetice, escriba, compare, argumente, organice y, progresivamente, actúe por nosotros. La posibilidad es extraordinaria, pero también lo es la paradoja: el cerebro es plástico y se transforma según aquello que ejercitamos y aquello que dejamos de ejercitar. Después de años hablando de la economía de la atención, quizá estemos entrando en algo todavía más profundo: la economía de la delegación cognitiva. El problema ya no será solamente quién consigue capturar nuestra atención, sino qué partes de nuestra cognición estamos dispuestos a entregar a cambio de comodidad.

El desafío del biohacking podría entonces invertirse. Ya no se trataría únicamente de preguntarnos qué tecnología puede hacer más por nosotros, sino qué deberíamos seguir haciendo nosotros precisamente porque la tecnología ya puede hacerlo. Leer un libro entero, escribir antes de pedir una corrección, intentar recordar antes de buscar, orientarnos sin GPS, construir un argumento, tolerar el aburrimiento o permanecer delante de una pregunta sin exigir una respuesta inmediata son pequeñas formas de resistencia contra el sedentarismo cognitivo. Delegar una tarea no es lo mismo que delegar una capacidad. La IA puede convertirse en una extraordinaria prótesis intelectual si amplifica nuestro pensamiento; utilizada para evitar sistemáticamente el esfuerzo de pensar, podría convertirse en lo contrario. Porque cuando una máquina pueda hacerlo prácticamente todo por nosotros, la pregunta ya no será qué somos capaces de delegar, sino qué capacidades humanas estamos dispuestos a perder por dejar de utilizarlas.

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