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Ouroboros: La biología también se muerde la cola

Ayer, durante un curso sobre El hombre y sus símbolos, Gilberto Carrasquero en medio de la charla mostró la portada del libro y allí estaba el Ouroboros: la serpiente que se muerde la cola.

En ese instante me vino a la mente Maiki, uno de mis mejores amigos. Cuando éramos adolescentes fue él quien me enseñó ese símbolo por primera vez. Y recordé también una frase que solíamos decir, medio en serio, medio riéndonos: la vida… mejor  en espirales.

Porque quizá ahí está la diferencia. El Ouroboros representa el ciclo: final y comienzo, destrucción y regeneración, muerte y renacimiento. Pero una espiral añade algo más: vuelves a ciertos lugares, sí, pero no exactamente siendo la misma persona.

Y eso también ocurre en biología. Dormimos mejor y pensamos mejor; pensamos mejor y tomamos mejores decisiones; tomamos mejores decisiones y regulamos mejor nuestro cuerpo. Y un cuerpo mejor regulado vuelve, a su vez, a modificar nuestra mente. Es un bucle de retroalimentación: un proceso en el que el resultado vuelve a influir sobre el propio sistema.

También puede funcionar al revés: estrés, peor sueño, peor regulación emocional, más estrés. Nuestra biología está llena de ciclos: sueño, cortisol, glucosa, inflamación, dopamina, movimiento, atención, alimentación.

En mi humilde opinión la vida no consiste solo en añadir suplementos, dispositivos o métricas. Consiste también en observar qué bucles estamos reforzando y cuáles necesitamos interrumpir.

Puede ser que la  transformación ocurre cuando dejamos de repetir un círculo y conseguimos convertirlo en una espiral. Volvemos al mismo punto, pero con más conciencia, con otra biología, con otra mirada, con otra versión de nosotros mismos.

Maiki tenía razón. La vida no va en línea recta. Tampoco en círculos perfectos.

Va en espirales.

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