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El Camino del Tōkaidō y el viaje como principio Júpiteriano

El antiguo camino del Tōkaidō japonés unía Edo con Kioto a través de 53 estaciones y, más que una simple ruta, representaba desplazamiento, encuentro y transformación. Por él circulaban comerciantes, peregrinos y viajeros que, al salir de su territorio conocido, se exponían a otros paisajes, costumbres y formas de entender el mundo.

Cuando tenía 17 años llegó a mi vida también a través de una novela: El camino de Tokaido, de Lucia St. Clair Robson, ambientada en el Japón feudal. Su protagonista, Gata, es una joven noble que, tras una conspiración contra su familia, debe abandonar su posición y emprender el Tōkaidō rumbo a Kioto. Para sobrevivir, oculta su identidad bajo el aspecto de un monje mendicante. Sin embargo, no es una figura indefensa: ha recibido entrenamiento samurái, conoce el pensamiento zen y sabe manejar la naginata. A medida que avanza, el viaje deja de ser únicamente geográfico. Gata también va transformándose.

Por eso me resulta tan fácil asociarlo simbólicamente con Júpiter: el planeta que, en astrología, representa los viajes largos, la filosofía, los maestros, la religión y, en general, todo aquello que amplía nuestro horizonte mental y moral.

Posiblemente la vida sea también nuestro propio Camino del Tōkaidō: una sucesión de etapas, personas, decisiones y cambios de perspectiva que van modificando la forma en que interpretamos la realidad. No avanzamos únicamente para llegar a algún sitio; avanzamos para convertirnos en alguien capaz de mirar el mundo de otra manera. Y quizá el viaje más importante no sea el que nos lleva de un lugar a otro, sino el que transforma desde dónde miramos, y en una época dominada por algoritmos, pantallas, estímulos constantes y respuestas instantáneas, es vital no perder de vista ese recorrido interior.

La tecnología, así como Júpiter, puede ampliar enormemente nuestro acceso al mundo, multiplicar nuestras posibilidades y ensanchar nuestros horizontes; pero cuando esa expansión no va acompañada de criterio, también puede llenarnos de atajos, ruido y estímulos hasta desconectarnos de nuestra propia experiencia.

Por eso es tan importante no desconectarnos de nuestro propio Tōkaidō interior: ese camino que nadie puede recorrer, acelerar ni interpretar por nosotros.

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Comments (

2

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  1. Javier PR

    Me encanta

    Recorramos nuestro propio Tōkaidō con intención y atención.

    1. Vanessa R. Ruiz

      Así es mi bebito hermoso, mi primo adorado.