Entrenando en mi gimnasio de mujeres, vi a una chica con unos manguitos enormes alrededor de los muslos y, por supuesto, me entró curiosidad. Eran AirBands, un wearable basado en una técnica llamada Blood Flow Restriction Training (BFR) o entrenamiento con restricción del flujo sanguíneo.
La idea es interesante: los manguitos ejercen una presión controlada sobre la parte alta del muslo, reduciendo parcialmente el retorno venoso. El músculo entra antes en fatiga y puedes conseguir un estímulo importante utilizando cargas considerablemente más bajas.
Para alguien con una articulación comprometida por ejemplo, una rodilla con condromalacia se entiende perfectamente el atractivo: estimular el músculo disminuyendo parte de la carga mecánica sobre la articulación.
Y tengo que admitir que, mientras la veía, me parecía una cosa absolutamente tentadora. Porque cuando empiezas a sentir literalmente el crujir de tus rodillas, cuando notas que ya no puedes hacer determinados pasos de boxeo o entrenar tantas veces a la semana ese boxeo que tanto te gusta porque las rodillas empiezan a doler, piensas: ok, me caso mañana con cualquier gadget que me prometa seguir entrenando como antes.
Pero no. Vivimos fascinados por los gadgets. Wearables, sensores, cámaras hiperbáricas, luces rojas, botas de compresión, monitores de glucosa, anillos para dormir, plataformas, aplicaciones y protocolos para optimizar prácticamente cualquier función del cuerpo. Y muchos funcionan. Algunos son extraordinariamente interesantes.
Pero cuanto más conozco el biohacking, más vuelvo a lo elemental.
Con mi condromalacia he aprendido que antes de buscar un dispositivo tengo que preguntarme cosas mucho menos sofisticadas: cuánto estoy cargando, qué ejercicio me irrita, qué rango de movimiento tolero, cómo estoy fortaleciendo cuádriceps y glúteos, cuánto descanso y cuándo simplemente tengo que bajar el peso.
A veces la intervención más inteligente no es añadir tecnología.Es adaptar el entrenamiento. Y, sobre todo, escuchar al cuerpo. No desde el miedo ni desde la resignación, sino desde la inteligencia. Entender que quizá hoy no puedes entrenar exactamente como entrenabas hace unos años, pero sí puedes seguir haciéndolo de otra manera.
Porque nuestro organismo sigue respondiendo fundamentalmente a cosas sorprendentemente simples: movimiento, fuerza progresiva, sueño, luz natural, comida real, recuperación y tiempo.
Utilizaría perfectamente una herramienta como BFR si existe una razón concreta para hacerlo. Lo que no haría es convertir el gadget en sustituto del criterio.
Naturaleza primero. Tecnología, cuando aporta.
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