AP x Swatch y el espectáculo deprimente de la validación social

Hay algo profundamente deprimente en ver a miles de personas haciendo filas absurdas, peleándose y entrando en histeria colectiva por la colaboración entre Swatch y Audemars Piguet. Es que realmente no se trata del reloj. Se trata del cerebro humano. Escasez artificial, exclusividad, FOMO, validación social y dopamina. El mismo mecanismo tribal de hace miles de años, pero ahora empaquetado en marketing de lujo y viralidad digital.

Y también hay algo bastante feo detrás de toda esta jugada: explotar deliberadamente el hambre de validación social de las personas para generar ruido mediático. No venden solo relojes; venden sensación de pertenencia, estatus y la ilusión de formar parte de algo “especial”. La industria entendió hace tiempo que hoy la atención vale más que el producto y que pocas cosas generan más interacción que ver humanos compitiendo públicamente por un objeto limitado.

Hace tiempo decidí dejar de usar reloj y sinceramente me parece algo liberador. La hora ya está en todas partes. Sentí que dejaba de llevar pegado al cuerpo un pequeño símbolo constante de productividad, ansiedad y estatus. Porque muchas veces el reloj moderno ya no funciona como herramienta: funciona como identidad.

No deseamos objetos; deseamos lo que vemos que otros desean. Tecnología moderna. Psicología ancestral. Un primate con WiFi intentando sentirse especial a través de un objeto.

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