¿Y si el dinero deja de importar? El loop solar-IA-robots que Elon y Naval ven venir… y cómo prepararte ahora

Imagínate despertarte en 2040 y que tu mayor “problema” no sea pagar la renta, sino decidir qué hacer con tu tiempo cuando literalmente todo lo material cuesta casi cero. No es ciencia ficción. Es el futuro que Elon Musk y Naval Ravikant están describiendo con claridad en 2026. Un futuro donde el valor ya no se mide en dinero, sino en energía, capacidad productiva y control de sistemas.

El detonante ocurrió hace unos días en X, cuando Musk respondió a Naval explicando que, una vez cerrado el ciclo completo entre energía solar, robots, fabricación de chips e inteligencia artificial, el dinero fiduciario deja de tener sentido práctico. En ese escenario, lo único relevante serán los vatios disponibles y las toneladas que se puedan producir. La economía deja de ser financiera y pasa a ser física y energética.

El bucle es simple y devastador. Energía solar masiva y extremadamente barata. Tesla y SpaceX planean fabricar del orden de 100 gigavatios al año en paneles solares. Un área relativamente pequeña de desierto podría abastecer a países enteros. La energía, a escala, se vuelve casi gratuita.

Con energía barata llegan los robots. Mano de obra infinita, sin salarios, sin descanso y sin fricción emocional. Robots que construyen otros robots y aceleran la producción de forma exponencial. A esto se suma la fabricación de chips y capacidad de cómputo a costes marginales mínimos, lo que elimina el límite económico del entrenamiento de modelos de inteligencia artificial.

La IA resultante no solo ejecuta tareas, sino que diseña mejores paneles, mejores robots y mejores chips, cerrando el bucle. El sistema se autooptimiza. El trabajo repetitivo deja de tener sentido humano. Según Naval, las necesidades básicas quedan resueltas de forma automática: energía limpia, comida y vivienda producidas sin intervención humana directa.

Aquí aparece el giro biohacker. En un mundo de abundancia material radical, el verdadero lujo ya no será poseer cosas. Será disponer de tiempo, salud y libertad mental. Tiempo para extender la vida con calidad. Salud para sostener décadas adicionales de experiencia consciente. Libertad mental para explorar creatividad, arte, juego, amor, relaciones profundas y descubrimiento.

El problema es que la mayoría seguirá jugando al juego antiguo. Competir por empleos que la IA y los robots van a automatizar. Medir el éxito en monedas que perderán relevancia relativa. Vivir en escasez psicológica incluso cuando la escasez física haya desaparecido.

Quienes realmente ganen esta transición serán quienes la utilicen para optimizar su biología y su mente. Personas que entrenen leverage infinito usando IA, código y sistemas como extensiones personales. Que cultiven curiosidad y comprensión profunda como ventaja estratégica. Que prioricen independencia sobre salario y que inviertan de forma radical en sueño, mitocondrias, neuroplasticidad y salud porque tendrán tiempo de sobra para disfrutar los retornos.

La pregunta es incómoda pero necesaria. Cuando el bucle se cierre y manden los vatios y las toneladas, ¿vas a ser el humano optimizado que explora el universo interior y exterior, o quien se queda vacío preguntándose qué hacer con su vida?

El futuro no llega solo. Se diseña. Y se biohackea.

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