Going Deep: Alcohol, Recaídas y Adicción.

El alcohol es una sustancia psicoactiva que secuestra circuitos muy concretos del cerebro, y las recaídas no ocurren porque “no quieras lo suficiente”, sino porque la biología, cuando se dan ciertas condiciones, recuerda más rápido que la voluntad.

La neurociencia moderna y los principios clásicos de AA coinciden en algo esencial: la adicción no se vence por fuerza, se gestiona por conciencia, estructura y humildad biológica. A nivel cerebral, el alcohol actúa sobre el sistema dopaminérgico de recompensa y, al mismo tiempo, apaga la corteza prefrontal, la zona encargada de regular impulsos, juicio y autocontrol; por eso, cuando una persona consume, no solo se “desinhibe”, sino que pierde acceso a la parte del cerebro que podría frenar la conducta.

La recaída empieza mucho antes del primer trago, cuando la prefrontal está fatigada, estresada, inflamada o sobrecargada emocionalmente. Una de las grandes verdades que AA formuló y que hoy la neurociencia respalda es que evitar el primer consumo es crucial, porque una vez activado el circuito el cerebro entra en modo automático: no es dramatismo, es fisiología. Ese primer trago reactiva memorias dopaminérgicas profundas, grabadas en el estriado y la amígdala, que no entienden de promesas ni de contexto, solo de repetición.

Otro principio clave es el de “un día a la vez”, que no es solo psicológico sino neurobiológico: pensar “nunca más” sobrecarga la prefrontal y genera ansiedad, mientras que pensar “hoy no” reduce la carga cognitiva y hace la decisión manejable; el cerebro regula mejor con horizontes cortos cuando está en recuperación.

AA también insiste en pedir ayuda y no aislarse, y aquí la ciencia vuelve a acompañar: el aislamiento aumenta cortisol, empeora la regulación emocional y debilita la prefrontal, mientras que la conexión social libera oxitocina y actúa como regulador natural del estrés; no es solo apoyo emocional, es neuroprotección. Desde un biohacking honesto, las recaídas no son fracasos sino señales de que algo falló en el sistema. Sueño insuficiente, exceso de estrés, mala nutrición, sobreestimulación, emociones no procesadas o una falsa sensación de control; AA lo resume con una frase lúcida: la adicción es paciente, espera, porque el cerebro adictivo no desaparece, permanece latente y atento a la mínima bajada de guardia. Por eso la recuperación no consiste solo en dejar de beber, sino en reconstruir el entorno interno y externo: ritmos de sueño estables, ejercicio que fortalezca la prefrontal, nutrición que sostenga la glucosa cerebral, reducción de estímulos dopaminérgicos artificiales y una honestidad radical con uno mismo, ya que la negación es enemiga directa de la regulación.

En biohacking hay que decirlo claro: el alcohol es un disruptor potente del sistema nervioso; para algunas personas puede ser ocasional, para otras es una puerta directa a la pérdida de control, y saber en qué grupo estás no es una cuestión de identidad sino de observación lúcida. AA lo llama aceptar la impotencia frente a la sustancia; la neurociencia, reconocer un circuito hipersensible. Es la misma verdad con distinto lenguaje. La recaída no invalida el camino, pero ignorar lo aprendido sí: recuperarse no es demostrar fuerza, es diseñar una vida donde la recaída tenga cada vez menos espacio biológico para ocurrir, y eso no es debilidad, es inteligencia aplicada al propio sistema nervioso.

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