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UE VS X: 120 millones de multa… para una empresa que gana eso antes del café de la mañana.

La UE multa a X con 120 millones de euros y Musk responde bloqueando la cuenta publicitaria oficial de la Comisión Europea. Desde fuera parece un pulso político, pero en realidad es algo mucho más simple: un juego de niños en el que la tecnología siempre va cinco pasos por delante y la ley llega cuando ya no hay nada que regular. La DSA exige transparencia, verificación y acceso a datos para investigar desinformación. Musk directamente dice que no. Bruselas castiga. Musk contraataca. Y así se revela el problema real: seguimos intentando regular plataformas del tamaño de países con herramientas pensadas para un mundo analógico. Las redes operan a velocidad de algoritmo; la ley, a velocidad de comité. Mientras tanto, la infraestructura digital donde se informa, discute y se forma opinión pública queda en manos de empresas que solo responden ante su propio modelo de negocio. El choque entre X y la UE no va de libertad de expresión ni de censura: va de quién controla la arquitectura donde piensa la sociedad. Y en esa batalla, los reguladores siempre llegan tarde. Esto no es un debate, es un retraso estructural. Y hasta que no entendamos que la tecnología no espera por nadie, seguiremos viendo a gobiernos y gigantes tecnológicos empujándose como adolescentes mientras los algoritmos rediseñan la conversación global sin pedir permiso.

La respuesta de Musk no es solo una reacción a la multa, es una señal de cómo las big tech entienden su poder.

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